
Un tripartito que no se alinea con los presupuestos: el paradoja de la gobernanza
La sesión de investidura de Jaume Collboni como alcalde de Barcelona marcó un momento clave en la política municipal de la ciudad, donde la alianza ideológica entre el Partido Socialista Catalán (PSC), el Partido Republicano Catalán (ERC) y Barcelona en Comú (BComú) se presenta como la fórmula dominante en los plenos municipales. Según los datos proporcionados, el 16% de los acuerdos ejecutivos se toman con esta combinación aritmética, lo que sugiere un equilibrio de poderes que, sin embargo, no ha traducido en un consenso real en temas críticos como los presupuestos. Este desajuste entre la estructura de gobierno y la eficacia en la toma de decisiones revela una fractura interna que podría tener implicaciones profundas para la gestión de la ciudad. La historia reciente de Barcelona, marcada por la caída del independentismo y la reconfiguración de alianzas, ofrece un contexto de inestabilidad que se refleja en estos plenos. La pregunta que se plantea es por qué, a pesar de la alianza formal, los partidos no logran alinearse en prioridades básicas, especialmente en la gestión financiera.El tripartito: una fórmula que se desvía de la realidad
La alianza entre PSC, ERC y BComú, que se consolidó tras la investidura de Collboni, no ha logrado un consenso real en los presupuestos del Ayuntamiento. Aunque ERC ha apoyado las tres propuestas de presupuesto presentadas por el PSC, incluyendo la de 2025 (aunque no se votó por prorroga), Barcelona en Comú ha rechazado los presupuestos de 2024 y 2025, lo que ha forzar al alcalde a recurrir a cuestionamientos de confianza y prorogaciones. Este patrón sugiere que el tripartito no es una alianza de intereses comunes, sino una fórmula que se sustenta en conveniencias políticas más que en un pacto ideológico. La historia muestra que en 2023, el tripartito de Trias per Barcelona, con ERC y BComú, logró un gobierno de minoría, pero su colapso fue rápido tras la investidura de Collboni, que optó por un pacto con el PSC. Esta evolución indica que el tripartito actual no es un reflejo de una cohesión política, sino de una estrategia de supervivencia en un contexto de fragmentación.La evolución de las alianzas: de la nostalgia a la realpolitik
El término «no mirar atrás» utilizado por Jordi Castellana, concejal de ERC, para justificar el apoyo a los presupuestos del PSC, refleja una mentalidad de realpolitik que prioriza la estabilidad sobre la crítica a la historia. Sin embargo, esta actitud ignora el contexto histórico de Barcelona, donde el tripartito de Trias per Barcelona logró un gobierno de minoría en 2023, un logro que ahora no se repite. La caída de este tripartito fue inmediata tras la investidura, lo que sugiere que la alianza actual no es un retorno a la estabilidad pasada, sino una adaptación a las nuevas dinámicas políticas. La relación entre ERC y PSC, que ha evolucionado desde una rivalidad a una alianza, es un ejemplo de cómo las alianzas políticas pueden ser frágiles y cambiantes. Esto tiene un impacto a largo plazo en la gobernanza de Barcelona, ya que la falta de cohesión entre los partidos puede llevar a decisiones fragmentadas y a una pérdida de confianza en las instituciones.Las implicaciones a largo plazo: un bipartito en el horizonte
El análisis de las votaciones en los plenos revela una tendencia clara: el PSC y el ERC se alinean en la mayoría de los temas, mientras que Barcelona en Comú se mantiene en la oposición. Esta dinámica sugiere que el tripartito podría evolucionar hacia un bipartito entre PSC y ERC, especialmente si BComú continúa rechazando los presupuestos. La posibilidad de que este bipartito se consolide podría marcar un cambio en la política municipal, con un enfoque más centrista y menos ideológico. Sin embargo, esta tendencia también plantea riesgos, como la pérdida de diversidad en las propuestas y la dependencia de un bloque político reducido. La pregunta clave es si este bipartito será sostenible o si, como en el pasado, se deshará ante nuevas tensiones.Conclusión: la alianza como reflejo de una ciudad en crisis
La alianza ideológica que domina en los plenos de Barcelona no solo es un reflejo de la política local, sino también de una ciudad en crisis de identidad y cohesión. La falta de alineación entre los partidos en temas críticos como los presupuestos expone una fragilidad en la gobernanza que podría tener consecuencias a largo plazo. Si el tripartito se solidifica en un bipartito, podría limitar la capacidad de la ciudad para abordar los desafíos futuros con soluciones integrales. Por otro lado, la persistencia de la oposición de Barcelona en Comú podría mantener la tensión política, pero también servir como un contrapeso a la concentración de poder. La realidad de estos plenos sugiere que Barcelona necesita una reconfiguración de sus alianzas políticas, alejándose de fórmulas que priorizan la estabilidad a corto plazo sobre la eficacia a largo plazo. La pregunta que queda es si la ciudad podrá superar esta dinámica de alianzas efímeras para construir un modelo de gobernanza más sólido y representativo.Para comprender mejor el contexto, se puede explorar la fractura social en Cerdanyola y Mataró, que muestra cómo las divisiones políticas se reflejan en otras zonas de la región. Además, el análisis del comportamiento de ERC hacia el PSC ofrece una visión crítica de las motivaciones detrás de esta alianza.





